El drama es: que la identidad es mera impresionabilidad ante la razón absolutista de la praxis.
Si la identidad no puede dejar de ser éticamente sensible; sólo hay una enseñanza posible; desde la imaginación original hasta un muestrario de lo otro. La única enseñanza posible es entonces: la enseñanza de lo ajeno siempre acompañada de la apertura a lo propio/original; desde la imaginación, el sueño y la creación hasta lo sencillamente otro; una educación desde la trágica postura del sabio ridículo, la tautología y el absurdo hasta lo inesperado. Y ello con el uso de conceptos que oscilen entre la muerte -invocable- y el ser de la gramática, ¿es posible?